martes, 15 de mayo de 2012

Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros

Génesis 35:1-5
"Dios dijo a Jacob: Levantate, sube a Bet-el y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban:
- Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, limpiaos y mudad vuestros vestidos. Levantémonos y subamos a Bet-el, pues y allí haré un altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia y ha estado conmigo en el camino que he andado.
Ellos entregaron a Jacob todos los dioses ajenos que tenían en su poder y los zarcillos que llevaban en sus orejas, y Jacob los escondió debajo de una encina que había junto a Siquem. Cuando salieron, el terror de Dios cayó sobre las ciudades de sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob."
Hay algo interesante, el acto de purificarse. Jacob les dice que se deshagan de los dioses ajenos que tenían en su poder, y se los dan a Jacob y él los esconde. Después dice que el temor de Dios cayó sobre las ciudades de sus alrededores.

Donde tenemos nuestra confianza, donde colocamos nuestras fuerzas y donde ponemos nuestros deseos y esperanzas; es donde va nuestra dependencia.
Mateo 6:19-21
"No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho destruyen, y donde ladrones entran y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho destruyen, y donde ladrones no entran ni hurtan, porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro coazón."
Dios desde el principio quiso que guardáramos con él una comunión continua. Dios desde el principio nos amó y todo lo que hace por nosotros es para bien. Pero nosotros tenemos que escoger andar en sus caminos, y Dios actuará. Sus promesas se cumplirán en nosotros. Purifiquémosnos día a día con la sangre que fue derramada en la cruz.

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